Tamales, ¿qué relación tienen con la rosca de reyes?

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Imagen de Sally Meza en Pixabay

¿La rosca que devoraste el día de los Reyes Magos te ha dejado el muñequito del Niño Dios y, con él, el compromiso de invitar a tamales? Antes de que abras tu cartera para convidar a amigos, familiares o compañeros de trabajo el 2 de febrero, te explicamos de dónde viene esta curiosa tradición.

Queda poco menos de un mes para el 2 de febrero y ya estamos frotándonos las manos con el olor de los tamales jarochos, de mole, dulces o… ¡de lo que sea! El día de la Luz o de la Candelaria, que festeja a la advocación mariana aparecida hace más de 10 siglos en las Islas Canarias, España, es celebrado por muchos católicos con procesiones iluminadas por candelas y velas.

Sí, candelas y no tamales. ¿Existe en la Biblia algún pasaje que haga referencia a la costumbre de comer estas masas de maíz rellenas en el segundo día de febrero? Antes de que cites los Evangelios, el padre Paulo Carvajal, vocero de la Arquidiócesis de Puebla, nos aclara que no. “Sí es una fiesta que está dentro de la celebración litúrgica, nos recuerda que Jesucristo fue presentado en el Templo de Jerusalén como era costumbre para todo judío”, explica.

El 2 de febrero Jesús, según relata san Lucas, fue llevado al templo con apenas dos meses y pocos días de vida. El muñequito de Niño Dios que para tu mala suerte te tocó en la rosca, debe ser también presentado y celebrado ese día en sociedad o, al menos, con tus seres queridos mientras desayunan.

“La familia se vuelve a reunir, ya fue el 6 de enero con la partida de rosca y ahorita otra vez con los tamales y a quien le tocó el Niño Dios debe invitar”, describe el religioso. “Toda celebración religiosa lleva siempre ese compartir con los demás”.

ORIGEN PREHISPÁNICO

Pero, ¿por qué con tamales? Ahí aparecen nuestras raíces más profundas. Los tamales se utilizaban en la cultura prehispánica como ofrenda en rituales religiosos. Siglos después, este significado aún perdura pero mezclado con el catolicismo. Piénsalo, ¿qué puede haber mejor para honrar en pleno febrero invernal al Niño Dios que una buena tamaliza?  

La única duda que queda es por qué seguimos año con año metiendo la figurita del Niño Dios en la rosca, ocupando un espacio que podría llenarse con nata, trufa o, incluso, zarzamora. La culpa es de los españoles que habrían recuperado un hábito romano. Al principio, un haba escondida en la masa del tradicional pan –allí conocido como roscón- convertía a quien la descubriese en el rey de los festejos.

El frijol fue sustituido con los años por figuritas artesanales de coches, barcos o de carácter religioso. Al igual que en México, en la península Ibérica también debes desembolsar dinero si te encuentras un monigote en este desayuno o merienda. Pero, en vez de para comprar tamales, para pagar la rosca.

Ahora que ya sabes el origen de esta tradición, aparta desde ya dinero para comprar los tamales. Y añade un champurrado calentito, por favor.