¿Felices para siempre? Los jóvenes mexicanos dicen ‘no’ al modelo de familia tradicional

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Imagen de Free-Photos en Pixabay

Y vivieron felices para siempre… pero sin boda, sin hijos e, incluso, sin compartir casa. Los jóvenes mexicanos están cambiando el final del cuento de hadas y, de paso, el modelo de familia tradicional. ¿Por qué el matrimonio es cada vez más inusual?

En 2001, recién estrenado el nuevo milenio, se registraron en Puebla, estado del centro de México y una adecuada muestra de lo que ocurre en el país, 16 mil 115 uniones civiles en las que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), al menos uno de los contrayentes tenía entre 20 y 29 años. En 2015, la cifra de celebraciones donde se pronunció el “sí, quiero” en esta franja de edad había descendido ya a 9 mil 530, es decir, 40 por ciento menos.

Detrás de estos números se esconde, apunta Mari Carmen Mora, investigadora de la Universidad Popular Autónoma del estado de Puebla (Upaep), en México, un importante cambio generacional. “Efectivamente las estadísticas actuales indican que la edad para casarse cada vez es mayor”, constata. “En tiempos de nuestros abuelos y bisabuelos a los 15 y 16 años era habitual tener pareja, estar casado o, incluso, tener hijos”.

La economía, razona Quetzalcóatl Hernández Cervantes, investigador de la Universidad Iberoamericana Puebla, pesa en esta demora. La precariedad laboral a la que se enfrentan los jóvenes en la actualidad (cada vez es más difícil encontrar un trabajo para toda la vida) les impide disfrutar de las condiciones idóneas para abandonar el hogar de sus progenitores.

“Sí tienen acceso a oportunidades laborales pero no son tan buenas para independizarse, por ello, muchos siguen viviendo con los padres”, precisa. ”Cada vez más, muchos de estos jóvenes deciden seguir estudiando a la edad en la que antes se casaban, la decisión de empezar la vida en pareja se posterga”.

¿Pero realmente quieren los jóvenes su propio nido de amor? Para la investigadora de la Upaep no está tan claro. Antes de elegir el color de las paredes o decidir dónde colocar los cuadros, existen otras prioridades, como los estudios, la superación laboral e, incluso, conocer mundo. “Los padres de las nuevas generaciones han inculcado en la educación brindada a sus hijos metas individuales, es decir, la importancia de una profesión, viajar, el crecimiento profesional y laboral. Ya despues llegará la vida familiar”, explica.

La influencia de los padres, coincide el también psicólogo certificado por el Colegio Mexicano de Profesionistas de la Psicología, es fundamental para entender esta tendencia, no atribuida únicamente a una generación, de retrasar o anular cualquier posibilidad de boda. Uno de cada tres jóvenes, estima, podría considerar que casarse sólo complica la relación de pareja. “Puede haber una causa cultural, hay jóvenes que vienen de hogares donde hubo separación o divorcio, no necesariamente problemático”, aventura.

“PARA SIEMPRE” PARECE DEMASIADO TIEMPO

La resistencia al matrimonio escondería en muchos casos, argumenta Mora, un rechazo al compromiso, pero también a la frustración y al fracaso. “Hay una tendencia a la inmeadiatez que ha generado la idea de que todo es inmediato y si algo, o alguien, no me gusta, hay otra opción, puedo cambiarlo”, advierte.

La unión libre es una opción de convivencia a la que recurren cada vez más mexicanos. “Los jóvenes se arriesgan a probar cómo va la relación de pareja viviendo juntos en el mismo espacio, es una manera de decir vamos a experimentar y, si no sale bien, cada quien se va por su lado”, afirma.

Más allá del vestido blanco y el esmoquin, para vivir felices para siempre lo más importante, añade, es que haya “amor maduro”, diálogo y mucho, mucho compromiso.