Fiestas patrias sin desfiles y trágicas en Panamá

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El vicepresidente José Gabriel Carrizo encabezó la sobria actividad

Por: Francisco Paz

Ciudad de Panamá, Panamá

El sonido de los tambores y cornetas, característicos de las bandas de música de los colegios de enseñanza media en Panamá, para rendir honor a la patria, quedaron apagados por la pandemia por la Covid-19, a lo que se sumó la tragedia por la estela que ocasionó el huracán Eta, que azotó Centroamérica.

En la nación centroamericana, la celebración de sus días nacionales, que van del 3 al 5 de noviembre, se caracteriza por desfiles de estudiantes y estamentos de seguridad, en todo el país. Pero, de antemano, se sabía que por la crisis sanitaria, que ha cobrado la vida de más de 2,700 panameños, estas actividades no se iban a efectuar.

Estas marchas de los jóvenes se extiende durante todo noviembre, considerado como el mes de la patria, debido a que las principales fechas históricas de la nación, concurren en estos 30 días, tanto las que propiciaron la independencia de España, como nuestra separación de Colombia, en 1903.

Es así que, por ejemplo, del 6 al 9 de noviembre, los desfiles se trasladan a otros pueblos del país, mientras que el 10 de noviembre, en casi todo el país se conmemora el primer grito de independencia de Panamá de España, dado en 1821.

Las actividades suelen extenderse en estos sitios hasta primeras horas de la madrugada del siguiente día, por lo que concentran la mayor parte de la celebración de las efemérides por parte de los panameños.

Los jóvenes, con edades que oscilan entre los 12 y 17 años, acostumbran a prepararse desde el mes de abril para tener una destacada participación, formando delegaciones que, además de las bandas musicales, también la integran cuerpos de batuteras y otras secciones de corte marcial, denominadas “batallones”, así como conjuntos de música típica y estudiantes destacados por sus notas académicas.

Este año, con un año lectivo funcionando en forma irregular, de manera virtual, desde la tercera semana de julio, fue imposible toda esta organización, ya que el Sars-Cov2 llegó a Panamá cuando apenas iniciaba el año escolar, por lo que trastocó todo el sistema educativo, dejando a los colegios oficiales sin clases, mientras que solo aquellos planteles particulares con tecnología para desarrollar las lecciones en forma virtual, pudieron continuar.

La última vez que en el país no hubo desfiles fue en 1989, dada la situación política y económica que se vivía, bajo el régimen militar de Manuel Antonio Noriega, que se encontraba en ese entonces en su ocaso, a escaso un mes para que fuera defenestrado por el ejército de los Estados Unidos, que invadió al territorio panameño el 20 de diciembre de ese año.

Apertura

Pero, al parecer, la única forma con la que recuerdan los panameños sus festividades patrias son con los desfiles, pues este año, no se percibió un ambiente como tal y las actividades pasaron desapercibida para la mayoría, que decidió recrearse luego que hace escasa tres semanas se levantaran casi todas las restricciones impuestas por la pandemia.

En Panamá, las playas volvieron a abrir, aunque con restricciones, el pasado 24 de octubre, así como se permitió la circulación los domingos, desde el 25 de octubre.

El gobierno solo se limitó a izar la bandera nacional frente a la Presidencia de la República, en una actividad sobria, los días 3 y 4 de noviembre, la que fue encabezada por el vicepresidente José Gabriel Carrizo, debido que el mandatario Laurentino Cortizo, de 67 años, está en aislamiento, debido a que un cercano colaborador dio positivo con el virus.

Mal Tiempo

Pero, la tradición de recrearse en playas y ríos, fue imposible debido al mal tiempo que imperó en el país desde el pasado domingo, debido al paso, al norte del territorio, del huracán Eta, que impactó Nicaragua y Honduras, dejando también destrozos en Panamá.

Aún así, cientos de miles de residentes en la capital, decidieron viajar en los días de asueto al interior del país, mientras que varios puntos fueron presas de inundaciones y deslaves, ocasionados por las fuertes lluvias y vientos que dejó en el istmo la estela del poderoso huracán.

Por el momento se contabilizan 6 fallecidos y 11 desaparecidos, siendo el distrito de Tierras Altas, caracterizado por su geografía montañosa y ubicado en la occidental provinc ia de Chiriquí, limítrofe con Costa Rica, el más afectado.

Los caminos de producción de esta importante región para la alimentación del país, quedaron destruidos por la crecida del río Chiriquí Viejo, el cual, paradójicamente es vital para las actividades agrícolas y turísticas de sus habitantes.

La mayoría de los más de mil damnificados son indígenas pertenecientes a la etnia Ngäbe Buglé que trabajan en el cultivo de legumbres, verduras y hortalizas en grandes fincas ubicadas en laderas de montañas, lo que sumado al clima templado, le da ese atractivo turístico para nacionales y extranjeros.