sábado, julio 31, 2021
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Todos tenemos una historia que contar, el desafío está en saber ¿cuándo estamos listos para publicar?

Especial para VocesEle
Minerva Bethancourth 
https://mbcomunicacion1.com
República de Panamá

 

Para algunos literatos escribir es un medio para cuestionar nuestro entorno, incluyéndonos a nosotros mismos. Es la capacidad de narrar y relatar historias que van desde una puesta de sol, hasta una serie de problemas y situaciones cotidianas que nos hacen experimentar un carrusel de emociones que van desde la alegría, la nostalgia, la esperanza, y el temor.

En medio de este escenario, surgen nuevas promesas en el campo de la literatura, que se abren paso para tener un sitial destacado en el mundo de las letras.

Una de estos talentos, es Dionisio Guerra, quien inició en el periodismo especializado en temas de tecnología. Cuando apenas contábamos con pocos redactores en el área, él se forjaba un nombre como especialista en la materia. A su vez, seguía avivando ese amor por la literatura, hecho que lo lleva a capacitarse en talleres de creación literaria, de la mano de profesionales en el ramo, logrando el premio nacional de Cuento, “José María Sánchez”, con la obra “Cuando Éramos Viejos”, como el premio Diplomado de creación literaria con el libro Cuentos Pixelados, de allí sigue una serie de galardones y cúmulo de experiencia de la mano de otras artes como el teatro.

Su narrativa nos evoca mucho al hombre del campo, a las vacaciones que solíamos tener cuando éramos niños en la casa de los abuelos, como aquella añoranza de volver a verlos sentados en una hamaca o en un taburete tomando café.

Mediante un diálogo franco y ameno, Dionisio Guerra, nos cuenta sobre sus inicios, su estilo, sobre su fuente de inspiración a la hora de escribir y sus puntos de vista sobre la necesidad de respaldar a las nuevas promesas en el campo literario.

¿Cómo nace tu pasión por la narrativa literaria?

DG. Nace desde muy pequeño con mi interés por la lectura. Aprendí a leer a escribir en casa y pronto empecé a devorar toda la lectura que estuviese

disponible. Mucha de esa lectura incluía periódicos y de allí nace mi interés en el periodismo. Leer me llevo a escribir y desde niño es una de mis motivaciones principales.

¿Cómo te defines en el mundo de las letras?

DG. Me considero un aprendiz. Estoy constantemente en la búsqueda de herramientas, ejercicios y estilos que me permitan potenciar lo que escribo. Me gusta el juego con el lector, la sorpresa, los giros inesperados. El cuento permite que eso sea muy fácil por su estructura, pero a la vez es un reto porque exige que esa relación con el lector se de en un par de páginas.

¿Cuándo leo tus obras, como Cuentos Pixelados, me viene mucho a la memoria el realismo mágico de Gabriel García Márquez? En esta línea, ¿ha influido en tu forma de narrar?

DG. Toda mi generación sin duda ha estado influenciada por Gabriel García Márquez. Incluso generaciones anteriores. Definitivamente que es un referente, no sólo por su forma de escribir, sino porque nos hizo mirar detenidamente nuestros propios escenarios, nuestro acento y nuestra cotidianidad.

Nuestro entorno, latinoamericano, tropical, precario y rico a la vez en casi todas sus vertientes, facilita la creación. Nuestra gente es única y particular. Sólo nos hace falta contar esas historias, escribirlas y hacer que trasciendan.

¿En qué te inspiras al momento de escribir?

DG. En lo cotidiano. Casi todo lo que escribo nace de una anécdota real. Anécdotas mías, contadas, vistas, prestadas, soñadas.

Me gusta observar, investigar, escuchar.

La diferencia reside en la forma en que lo contamos. Al final puede tener adornos o no, pero trato de que la esencia permanezca y sea lo que destaque.

Los relatos mezclan algo de vivencias entrelazadas con fantasía, háblame un poco de ello

DG. Son perspectivas. Me gusta el juego de la realidad alterada, que no deja de ser real, pero que propone más y nuevas posibilidades.

También trato de motivar al lector a terminar de contar la historia a su manera. Me sorprende mucho cuando personas que han leído lo que escribo me cuentan sus apreciaciones o versiones de lo que he escrito.

Es interesante porque la historia comienza en mi cabeza, pero termina en la del lector.

¿Cómo nace tu obra Cuentos Pixelados?

DG. La totalidad de la obra nace en el Diplomado de Creación Literaria de la Universidad Tecnológica de Panamá y en los talleres de escritura que tomo con el escritor, Enrique Jaramillo Levi.

Algunos de estos cuentos fueron propuestos para estos talleres donde un grupo de escritores leemos nuestras obras y las comentamos. Es una dinámica que ayuda a crecer, a mejorar a explorar nuevas perspectivas de los escritos.

El título de la obra es como un factor sorpresa, cuando te adentras en cada cuento la narración gira en torno a aquellos recuerdos que nos acompañan desde nuestra infancia.

¿Es intencional?

DG. Es un título conceptual. Como decía antes, la obra es una recopilación. Cuando reuní los cuentos empecé a buscar un título que me ayudara a englobarlos y me di cuenta de que la mayoría habla sobre la pérdida. Con ese concepto presente, empecé a trabajar una propuesta en la que surgió la posibilidad de jugar con el tema de los pixeles perdidos, que en el mundo digital nos impiden ver una imagen en su totalidad.

En la feria del libro algunas personas me preguntaron si era un libro sobre tecnología, no lo es, pero me gustaría introducir este concepto como propuesta y es muy probable que cuando se lea el libro se entienda.

Mucho de los cuentos tienen algo de nostalgia, añoranza, coméntanos un poco.

DG. Es uno de los temas que me inspira. La mitad de la obra se desarrolla en el campo. Ese campo es Corozal, un pueblo de Las Palmas, en Veraguas, de donde son mis padres. Pasé gran parte de mi infancia allí. Es un lugar muy bonito que además me lleva a los recuerdos de mis abuelos y mi infancia.

El lugar sigue pero esos momentos no, y esa cabanga es un motor para seguir escribiendo.

Sobre tu obra “Cuando Éramos Viejos”, por el cual ganaste el Premio Nacional de Cuento, José María Sánchez recibió muy buenas críticas, calificándola de innovadora, por ser un tema que no solemos abordar ¿Cómo tomas estos comentarios?

DG. A diferencia de Cuentos Pixelados, “Cuando éramos viejos” si es una obra conceptual. Todos los cuentos sobre ancianos. La obra está hecha desde el respeto y la admiración.

Tanto en la literatura como en la vida los adultos mayores que son relegados y yo encuentro muy motivadoras sus historias. No se trata de personas sufriendo o marginados, los cuentos tienen como protagonistas a personas sencillas que están en una edad particular en su vida.

Me emocionó mucho las palabras del jurado porque es el concurso, José María Sánchez, tiene mucho prestigio y yo admiro y he leído a muchos de los ganadores. No me esperaba tan pronto, en mi carrera como escritor, ser parte de un premio grande como este.

“Estoy constantemente en la búsqueda de herramientas, ejercicios y estilos que me permitan potenciar lo que escribo”.

Dionisio Guerra

¿Cómo observas la industria hoy día, consideras que existen más plumas proliferas por ser descubiertas?

DG. Siempre he sido creyente en que todos tenemos una historia que contar. El desafío va a estar en saber cuándo estamos listos para publicar. Yo aún me lo pregunto, porque como lector uno pone la vara muy alta y es casi imposible no compararse con lo que uno lee. Por esto trato de seguir en talleres, discursos que me permitan seguir mejorando y encontrando herramientas para la escritura.

Por otro lado, vivimos en una época en la que es muy fácil publicar sin necesidad de llegar a la impresión y eso incluso puede ayudar a formarnos. Las nuevas tecnologías permiten además qué no se dependa de un libro físico para que un autor sea leído y eso nos abre un mundo enorme de posibilidades.

¿Contemplas adentrarte en otro género, como novelas o una compilación de poemarios?

DG. Además de cuento también escribo teatro y en los últimos dos años he montado algunas de mis obras. El teatro me parece uno de los géneros más desafiantes por qué no termina en la escritura sino cuando se monta la obra y se expone ante un público.

Poesía también he escrito, pero siento que debo seguir aprendiendo más del género. Siento que la poesía es la base de la literatura y por eso la he estudiado. Pero es un desafío mayor, al que aún le tengo mucho respeto.

¿Cómo observas el respaldo que reciben hoy las jóvenes promesas de la narración literaria?

DG.Se hace poco. Necesitamos que haya más apoyo a los nuevos escritores, que hay otros roles en el ecosistema que ayuden a difundir, promocionar, conectar a los escritores con casas editoriales, que nos representen. Los escritores que están haciendo algo en este momento es gracias a su esfuerzo y no es justo.

Aparte de escribir cuentos, también escribes obras de teatro, ¿Cómo lo manejas?

DG. Es un género del que estoy enamorado, pero a la vez es un reto. Me considero principalmente un escritor, pero me he aventurado a montar algunas cosas gracias al apoyo de amigos.

El teatro tiene su propio lenguaje, sus propios códigos. Exige un nivel de compromiso y exigencia física, además de otro acuerdo con el público. La satisfacción de ver cómo lo escrito se transforma en palabra viva es única.

Quiero seguir aprendiendo del género y seguiré intentándolo.

¿Contemplas realiza alguna puesta en escena fuera del país?

DG. Me falta. Primero me gustaría aprender más, foguearme, tener la experiencia de los montajes, saborear más la adrenalina de las puestas en escena. Aunque sigo detrás del telón me emocionó como si fuese la primera vez. Considero que es una buena señal.

¿Cuéntanos sobre algunos de tus nuevos proyectos a desarrollar en el campo literario?

DG. Yo sigo escribiendo. Casi todo lo que se me ocurre como idea termina en un cuento. En este momento no hay nada concreto, pero sí hay mucho escrito. Seguiré desarrollando hasta que eso encuentre su propio proyecto.

¿Contemplas desarrollar algún trabajo relacionado a la pandemia?

DG. Sinceramente no me motiva. Al menos en este momento. Ya hay escritores con propuestas con ese concepto, yo prefiero las cosas mínimas y más discretas donde siempre hay grandeza.

“Que se atrevan a hacer público lo que escriben. No tiene que ser un libro. Puede ser en un Blogs, redes sociales o hasta whatsapp, son herramientas para difundir lo que hacemos”

Dionisio Guerra

La literatura es una herramienta que ayuda mucho a analizar, a comprender ¿Cómo observas tú que se aborda este tema en los planteles educativos?

DG. En las escuelas se nos enseña lo mismo desde hace décadas, tal vez conviene una actualización.

No es malo, pero no termina motivando a los niños a interesarse por la lectura. Afortunadamente, internet ha liberado un poco eso. Soy creyente de que cada uno es responsable por encontrar su propio camino en la literatura, tal vez desde

allí podría trabajarse en clases para motivar a los estudiantes a encontrar y a leer autores con los que disfruten el ejercicio.

¿Qué mensajes le puedes brindar a las nuevas generaciones, a los nativos digitales que tengan en mente un proyecto literario?

DG. Que se atrevan a hacer público lo que escriben. No tiene que ser un libro. Puede ser en un Blogs, redes sociales o hasta WhatsApp, son herramientas para difundir lo que hacemos. Hoy los escritos pueden ser multimedia. Además, la retroalimentación instantánea sobre lo que se lee es algo que sólo existe desde este momento. Hay nuevas formas de conectarse con los lectores.

Es importante leer para abrir nuestra visión del mundo. Leer de todo.

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