lunes, mayo 17, 2021
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Un genio ecológico suelto en las montañas de México

José Manuel González Rouco es un arquitecto nacido en la ciudad de Bahía Blanca, uno de los puertos marítimos más importantes de Argentina, y egresado de la Universidad Nacional de La Plata, cuna de grandes arquitectos del país.

Joven, curioso, intrépido, dueño de un espíritu que se abre al compromiso social, está en camino de hacer de su profesión lo mismo que quiere para su vida: ponerla a disposición del prójimo. Ha recorrido América Latina haciendo amigos, trabando relaciones humanas, con el único bagaje a cuestas de su guitarra, su exquisita y expresiva voz que emociona con el cantar latinoamericano y, por supuesto, su calidad de arquitecto moderno, inteligente, brillante en ideas.

No extraña entonces que, a su impulso e iniciativa, se haya puesto en marcha en Oztopulco, en las montañas mexicanas de Tepoztlán, un proyecto de vivienda bioconstruida, de bajo costo, de casi nulo impacto ambiental y que asegura una gran velocidad en la construcción. Es una forma de haber llevado a la práctica ideas que pasaron, hasta allí, sólo por la cabeza de Pepe González Rouco, con quien nos conectamos, precisamente, para que nos aporte más detalles en exclusiva para www.vocesele.com.

“Hace un par de años que vengo con esta idea en la cabeza que es la de producir viviendas de interés social, con 3 premisas: velocidad en la construcción, bajo costo y reducción de impacto en la contaminación. Por eso es que la idea es que sea prefabricada y bio-construida“.
Con esa idea de aprendizaje, entre otras, fue que salí de viaje en Febrero del 2019 por Centroamérica. Estudiar bioconstrucción y terminar de darle forma a este prototipo de vivienda. Recorrimos unos cuantos lugares en Panamá, Costa Rica y Guatemala conociendo y aprendiendo de varias experiencias de Permacultura y Bioconstrucción.
En Febrero de 2020 llegamos a Oztopulco, una comunidad en construcción en las montañas de Tepoztlán, México, donde nuestra intención era trabajar aprendiendo junto a un maestro francés, Laurent Coquemont, quien viene trabajando en la tierra como material de construcción hace muchos años. En esta comunidad la premisa es que las construcciones sean ecológicas y bioconstruidas, al menos en su mayor parte. Y allí es donde conozco a la familia de Carolina y Michael, quienes tenían un terreno allí y por motivos de la pandemia habían perdido sus trabajos y ya no iban a poder afrontar los gastos de alquiler. Tenían algunos ahorros, y en lugar de gastarlos, decidieron invertirlos en su propia vivienda ahí en Oztopulco.
Ellos decidieron “apostar” a desarrollar la idea y resolver una primera etapa de su vivienda para poder mudarse en 2 meses. En definitiva, toda una sincronía entre lo que ellos necesitaban como primera necesidad, resolver su vivienda (bioconstruida, rápida y con bajo costo) y mi necesidad de experimentar cómo se comportaba esta idea físicamente y ya no en papeles”, cuenta González Rouco.

Además de ser el arquitecto y mentor general de la idea, asumiste tareas de construcción…
“Estuve coordinando las tareas al mismo tiempo que lo diseñaba, y trabajando físicamente también en la obra. Esta obra, al no tener proyecto previo, requería que yo estuviera la totalidad del tiempo en el terreno, diseñando. Y la verdad que me encanta meter mano en la obra, sobre todo cuando es madera y en los trabajos menos exigidos. Los albañiles con los que la hicimos estaban muy preparados, sobre todo en obra gruesa que en este caso fue la parte de piedra y mezclas para pisos. Pero la bioconstrucción también se trata de reducir al mínimo el uso de materiales con más impacto, entonces es repensar y deconstruir todos los procesos que creemos “tradicionales” (al menos de los últimos 100 años cuando se descubrió del cemento y el acero). Por eso también necesitaba estar en la obra aprendiendo y enseñando a la vez todas las alternativas que hay para esto”.

La casa está pensada “utilizando,” si vale la palabra, el entorno en el que está construida…
“Si claro, el paisaje de este lugar es alucinante. El proyecto se acomoda en la topografía del terreno y a la vegetación existente, no se tocó un solo árbol. Se resume en varios volúmenes, con distintos usos conectados por circulaciones exteriores y jardines; esto lo permite el clima que tiene este lugar de ‘primavera todo el año’. La familia se compone de una pareja y dos hijos chicos, por lo que a futuro los usos de los espacios pueden ir cambiando en función de las necesidades de esta familia y el crecimiento de los niños”.

¿Cómo resolvieron el tratamiento aguas grises para evitar contaminaciones?
“Algunos de los caminos exteriores, los acompañan unos canteros, que en realidad son bio-filtros de aguas grises. Se trata de unos sistemas muy simples, que tienen varias capas de arena, piedra y tierra, y plantas específicas para filtrar las aguas residuales de cocina, ducha, lavadero.
El baño es un baño seco, que se trata también de algo muy simple: los desechos sólidos de inodoro, se compostan con aserrín durante un tiempo y luego se usa como abono para arboles que hay en la comunidad.
Esto también fue una premisa de la comunidad, una condición digamos, que cada familia gestione sus residuos y desechos. Es un lugar muy especial donde llueven 6 meses casi todas las noches y 6 meses de seca total, por lo que el cuidado del agua es fundamental. De ahí la necesidad de usar baño seco y biofiltros que reciclan el agua y se usa para riego. Son dos tecnologías muy simples que pueden ayudar a disminuir muchísimo el uso de agua”
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“la tierra cruda como material de construcción fue el pasado y será el futuro”

Me interesa que te detengas un minuto en la técnica del uso de la tierra como material de construcción. ¿Es un poco un retorno a la práctica del adobe, tan común hace 100 años o más?
“Si, somos muchos los que pensamos que la tierra cruda como material de construcción fue el pasado y será el futuro. Así que un poco se retoman saberes que la humanidad tuvo hasta hace 100 años y se traen al contexto actual, donde tenemos la posibilidad de sumar mucha tecnología y conocimiento a estas prácticas ancestrales para volverlas mucho más eficientes. A veces se vinculan estos materiales con la pobreza, lo antiguo, las enfermedades como el chagas; son puros prejuicios. Son materiales mucho más nobles y sanos. Son sanos para quien los habita, porque no hay ningún material que tenga un comportamiento higrotérmico mejor que la tierra; y son sanos para el planeta ya que no requieren casi ningún gasto energético en su extracción, y tampoco en el transporte ya que generalmente se encuentra en todos lados. Esto no significa que el cemento y el acero no hayan sido buenos desarrollos, pero hay que usarlos donde hacen falta, no para habitar dentro de ellos. Pensá que vivimos dentro de espacios impermeables, de cemento y plástico (pinturas). Eso no es sano para nadie y nunca lo necesitamos hasta hace 100 años solamente”.

¿Se pude construir una casa de ese tipo en un centro urbano?
“Este proyecto en particular, entiendo que se ajusta mejor a una situación despegada de medianeras, sería periurbano o rural. Pero se puede construir con estas técnicas en la ciudad también. Solo hay que tomar los recaudos necesarios al entrar en contacto con el cemento por ejemplo, ya que estos sistemas “respiran”, y necesitan liberar la humedad”.

¿Por qué este tipo de construcción puede abaratar costos?
“En el caso de este proyecto, tiene la posibilidad de construirse en varias etapas y de estar viviendo en el espacio desde la primera etapa con una inversión muy chica. Estas etapas van por dos vías: el mejoramiento paulatino de la vivienda, y la expansión en módulos y metros cuadrados. Yo creo que a igual “producto”, quizá los precios son similares. Pero la bioconstrucción muchas veces se abre bastante a otros procesos, en los que el usuario puede participar en la construcción, organizar trabajos comunitarios (mingas), etc. Esto termina siendo una reducción significativa en los costos de mano de obra pero no se puede medir, depende mucho del proceso de cada familia.

Soñar en grande

José Manuel González Rouco remarca que la región está en una emergencia ambiental y social-habitacional. “Este proyecto, como muchos otros, busca ser un aporte en esos sentidos, generando puestos de trabajo para la construcción y resolviendo el problema de falta de vivienda. Pero lo que se necesita ahora es llevarlo adelante, y para eso las puntas pueden ser varias. Imagino poder construirlo a personas particulares, pero también presentarlo en cooperativas u organizaciones que trabajen en los barrios populares y tengan la llegada directa con los vecinos; o con municipios y distintos entes del Estado, que pueden ser nexo y/o también pueden aportar económicamente en la resolución de algunas de las etapas. Entiendo que con una inversión igual, el Estado podría utilizar este modelo para darle solución parcial al problema habitacional a muchas más personas, por ejemplo si solo financiara la primera etapa y que después cada familia pudiera continuar el proceso por sí misma”.

“En Argentina, hoy en día el Estado tiene dos líneas de acción más visibles para ciertos estratos de la población, que son el Plan Federal de Viviendas y el Procrear, y en el medio hay muchísimas familias que no son beneficiarios del primero ni cumplen los requisitos para el segundo. Con un mínimo acompañamiento podrían resolver el problema por sí mismos.

Necesitamos poder darle visibilidad a este proyecto como a tantos otros, para que puedan llegar a las organizaciones o cooperativas y podamos trabajar en conjunto”.

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